Como descendientes de estrellas flotamos en pareja, hacia el infinito. Retomando nuestro destino: crecer. Me abrazas, te beso. Pedazos de algodón, de la mejor compañía. Tan cerca mío pero al mismo tiempo cálidamente lejana, aun te puedo admirar. Tantos miles de millones de años luz viajando de tu mano. Te llevo para que me lleves. Ya no existen caprichos, solo la voluntad férrea, constante y estudiada, de nunca separarnos. No dejamos huellas. Tus tobillos flotan delicadamente y tú vas sin error, suave, tranquila. Nada más vale que los momentos. No es siquiera necesario recordarlos. Solo vivírlos nos hace felices. Tus pétalos perfuman aún mi corazón, estás hecha de gracia. Sin parar te alcanzo nueces y besos. Y no hay nada como tu amor, como medio de trasporte.
miércoles, 28 de marzo de 2012
El regreso
Las escenas casi a claroscuro me esperan ansiosas, tímidas, claras. Voy llegando poco a poco, me baño de gloria y acaricio mi espada. La mujer nube dorada del cielo se inclina y me muestra las pestañas. Caminando sobre este mundo he aclarado cada una de mis dudas existenciales, esas que parecían cada vez más salvajes. Y mientras veranos y otoños te alumbran, camino atado a mi caballo. Camino sobre mis sueños, pienso en lo que diré, lo que mis ojos recitarán. Y si en algún momento me enamoro del presente, ahora pasado, lo deshecho y sigo al borde de mis barrancos. Miro hacia el horizonte, desde mis barrancos, al mar infinito, a todo lo que nunca sabré. Volteo y te veo de nuevo. Solo eso me importa, que también me ves.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)