Las escenas casi a claroscuro me esperan ansiosas, tímidas, claras. Voy llegando poco a poco, me baño de gloria y acaricio mi espada. La mujer nube dorada del cielo se inclina y me muestra las pestañas. Caminando sobre este mundo he aclarado cada una de mis dudas existenciales, esas que parecían cada vez más salvajes. Y mientras veranos y otoños te alumbran, camino atado a mi caballo. Camino sobre mis sueños, pienso en lo que diré, lo que mis ojos recitarán. Y si en algún momento me enamoro del presente, ahora pasado, lo deshecho y sigo al borde de mis barrancos. Miro hacia el horizonte, desde mis barrancos, al mar infinito, a todo lo que nunca sabré. Volteo y te veo de nuevo. Solo eso me importa, que también me ves.
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