Cuando espero mis ganas de abrazarte, suelo esperar también todos los recuerdos. No concedo esfuerzo alguno a encontrarlos; llegan solos, disparan mi costillas desde adentro. Llegan y me atan a una carta. Llegan y me atan a mí mismo, me recuerdan quién soy.
Cuando estoy al borde del abismo, detrás de la nube ligera de tu ser, todo desvanece. La verdadera piel de mis sueños es descubierta, real, perfecta.
Y fabrico recuerdos, entonces, para cuando espero mis ganas de abrazarte que llegan solas y me llevan.